Vistas de Praga y Nuestra Señora de Tyn

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Praga es una de las ciudades más nostálgicas y misteriosas que recuerdo. Anclada en el pasado, Praga nos invita a recorrerla, a perdernos callejeando por el centro y a  cruzar una y otra vez el Puente de Carlos que conecta una y otra orilla del río Vltava que la atraviesa. Es el Puente el corazón de Praga y el lugar que mejor la simboliza, con sus mimos, con sus pintores, con su vida bohemia reflejada en cada una de sus piedras enmohecidas.

En el mismo centro de la ciudad Vieja se alza majestuosa sobre los tejados de las casas que la rodean la Iglesia de Nuestra Señora Tyn, otro de los símbolos de la ciudad, con sus pináculos y su fastuoso estilo gótico. En aquella Plaza se reúnen jóvenes y turistas por igual para disfrutar de la eterna belleza de las fachadas de sus edificios, y del sonido del famoso carrillón de la torre del Ayuntamiento donde, durante el día, a cada hora, doce pequeñas figuras de apóstoles salen para dar las campanadas.

Praga nos sorprenderá. No lo dudéis. Es música, es poesía, es nostalgia, es tranquildad y sosiego… es pura belleza.

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