Santillana del Mar, la favorita de Sartre

Santillana del Mar

Jean Paul Sartre definió a Santillana del Mar como la aldea más bonita de España. Concretamente dijo que era “una verdadera reliquia en la vida del hombre”. La ciudad cántabra, que ni es santa, ni es llana ni está en la costa, es uno de los principales destinos del norte de España. Y no solo porque lo diga el afamado filósofo y escritor francés…

Santillana del Mar se sabe a sí misma bonita y ceremoniosa. Se enorgullece de ello, vaya. Su Colegiata de Santa Juliana, uno de los mejores ejemplos del románico cántabro, es una joya que luce con la holgura de casi mil años de existencia. Su espíritu medieval corre presuroso por cada grieta de sus muros. En el interior un bellísimo claustro del siglo XIII en el que tienen cabida el silencio, la armonía y la paz.

Desde la colegiata el recorrido por la hermosa dama cántabra continúa por la Casa de los Abades y su bello patio, el Museo de Jesús Otero, situado en las viejas caballerizas de la abadía, y el Palacio de los Velarde, coronado por unos pináculos muy curiosos. El legado histórico y monumental de Santillana del Mar es de una belleza sublime. Toda la villa está declarada Monumento Histórico Artístico desde 1899, algo que se entiende perfectamente al pasear por sus calles y plazas.

Casonas nobiliarias salen a nuestro paso, como la Casona de los Bustamante o la de Cossío y Velasco, así como la de Leonor de la Vega, madre del ilustre Marqués de Santillana. Bajando por el Cantón llegamos a la Plaza Mayor, en la que se sitúa la Torre de Don Borja, sede actual de la Fundación Santillana. Aquí también veremos el Parador de Turismo, el Ayuntamiento y las casonas del Águila y la Parra, que hoy en día albergan salas de exposiciones.

Desde la Plaza Mayor a la Carrera tenemos la Torre del Merino, desde donde se ejercía la autoridad civil de la villa y en la que se recaudaban los impuestos reales. Frente a ella otro de los iconos de Santillana, la Casa Torre de los Velarde, casi una pequeña atalaya defensiva que refuerza aún más el aspecto medieval de la villa.

Las últimas visitas se las dedicamos al Convento Regina Coeli, ocupado desde 1835 por monjas clarisas, con un excelente Museo Diocesano; y al Convento de San Ildefonso, fundado en el siglo XVII. Ambos se hallan en la Avenida Le Dorat, al otro extremo de la colegiata.

Durante este pequeño recorrido se aprecia que, tanto Sartre como cualquiera de los que a lo largo de los siglos hayan ensalzado la belleza de Santillana, estaban completamente en lo cierto.

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