La Mezquita Azul, en Estambul

mezquita-sultan_ahmed en Estambul

Turquía siempre me ha parecido un país fascinante y Estambul una ciudad… maravillosa. El punto de encuentro de oriente y occidente, un lugar de contrastes que nos hace olvidar nuestro acontecer diario y sorprendernos por lo rico que es nuestro mundo culturalmente hablando. Estambul es tierra de mezquitas y aquí encontramos entonces la Mezquita del Sultán Agmet I, también llamada la Mezquita Azul debido a las tejas azules que están en los techos de los domos.

Bien, que la mezquita fue construida entre 1603 y 1617 y es la obra maestra del arquitecto otomano Sedefkar Mehmet Aga. Fue construida en el lugar del Gran Palacio de Bizancio, en la parte sudeste del Hipódromo. Es asombrosa y enorme: tiene seis minaretes y una cascada de domos, lo que casi la convierte en una hermana de Santa Sofia, su vecina a pocos minutos de andar hacia el norte.

Junto con ésta es de hecho una de las visitas obligadas de la ciudad de Estambul y uno de los lugares elegidos para orar al que acuden los fieles. Es decir, es una mezquita en operaciones así que si bien podemos visitarla, donación mediante aunque no obligatoria, permanece cerrada por los no musulmanes media hora durante los días de plegaria y tal vez mas tiempo los viernes o durante algún día considerado santo para el Islam.

mezquira-sultan-ahmed-interior en Estambul

La Mezquita Azul es considerada la última gran mezquita del período clásico y es una síntesis de tamaño, majestuosidad y belleza, por lo menos su exterior. Tiene mármol y la cascada de cúpulas logra una gran armonía para quien se detiene a admirarla. El interior no es tan majestuoso como el exterior pero eso no significa que no sea hermoso: tiene mas de 20 mil tejas cerámicas hechas a mano con diseños de tulipanes, frutas, flores y cipreses. Incluso algunas son de mejor calidad que otras y eso hace que los colores varíen.

Los pisos superiores están dominados por el color azul, pero no es de buena calidad tampoco. Hay ventanas de vidrio con diseños complicados que permiten pasar la luz natural, candeleros, carpetas en los pisos y lo triste es que muchos de los cristales venecianos que adornaban las ventas han sido reemplazados por versiones modernas sin ningún arte en ellas. Pero bien, que es un lugar enorme y maravilloso, con buena acústica para que todos, no importa la cantidad, puedan oír y ver al Imán.

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