Évora, escapada a la eterna primavera

templo-romano en Evora

Hay un lugar en Portugal donde confluyen la playa, la sierra y la llanura, habitado por gentes sencillas y orgullosas de su historia. Siempre sorprendente con su geografía, su gastronomía, sus artesanías, cada día recomienza con la sensación de que todavía hay mucho para descubrir. Es Alentejo, a 130 Km. al sudeste de Lisboa y sólo 102 Km. al oeste de Badajoz. Su capital es la ciudad de Évora, declarada Patrimonio de la Humanidad, que hoy vamos a descubrir.

Évora, protegida por tres murallas, está levantada sobre una colina y es como un museo a cielo abierto de callejuelas moriscas, iglesias y palacios desde el Renacimiento hasta el barroco, increíbles fachadas, balcones y patios, y siempre muchísimas flores que dan a esta ciudad el aire de una eterna primavera. Estamos en la antigua Ebora Cerealis romana, tan atractiva que muchos reyes quisieron vivir aquí construyendo impactantes palacios y mansiones.

Comencemos nuestro recorrido por la Évora romana; el perímetro original tenía 180 metros y sólo han llegado hasta nuestros días algunos torreones y varias puertas, entre ellas la Porta da Moura. También se puede ver el Aqueduto da Agua da Prata, que fue reconstruido y reformado en 1522; son más de quince kilómetros que llevaban el agua hasta una fuente que se encontraba en la Praça do Giraldo.   El símbolo de Évora es precisamente el templo romano en lo más alto de la ciudad, justo al lado de la Catedral, que es considerado el más bello de la península ibérica. Está excelentemente conservado, con sus mármoles y granitos, ya que durante la Edad Media fue cubierto de escombros y no se redescubrió sino hasta fines del siglo XIX.

En el siglo XII se convirtió en la residencia de los monarcas portugueses, y durante mucho tiempo fue considerada la segunda ciudad del Reino de Portugal. En esa época se edificó la monumental Catedral de Santa María, de estilo románico-gótico, y muchos otros palacios y mansiones entre los siglos XV y XVI.  Fue una época de gran prosperidad, gracias a las riquezas provenientes de las colonias en Asia y América.  Hasta aquí llegaban los artistas más renombrados, para decorar la ciudad con sus obras como la fuente de las Puertas de Moura, obra de Diogo de Torralva, de 1556.  Después de esta época de esplendor la ciudad comenzó a ser dejada de lado, pues los reyes preferían vivir más cerca de Lisboa, y hoy en día tiene menos habitantes que en la época medieval.

Para finalizar la excursión podemos dedicar unos momentos a la parte exterior de la ciudad. Este recorrido puede hacerse en automóvil. La vuelta completa a las murallas tiene unos 6 Km. de extensión y permite descubrir desde los cimientos celtas hasta las fortificaciones cristianas. Se puede seguir el acueducto desde la Porta de Lagoa, que todavía sigue transportando agua hasta la ciudad. Dos kilómetros más allá se encuentra el cerro de São Bento que nos regalará las mejores vista de Évora.

Queda mucho en el tintero, como la tétrica Capela dos Ossos y su inscripción que destila humor negro (“Nosotros, huesos que aquí estamos, esperamos los vuestros”), la Praça do Giraldo, la más grande de Évora, con su impactante fuente renacentista, y las otras fuentes de la ciudad, como la de la Porta Moura, de mármol blanco.

Si la idea es quedarse, encontrarán una amplia oferta de alojamiento para todos los gustos y presupuestos del mismo modo que también podréis encontrar vuelos económicos al aeropuerto de Lisboa, el más cercano a Évora. Comer no será problema, pero no importa dónde vayan, lo importante será disfrutar de su auténtica gastronomía rural. Aquí se encuentran las bellotas de las que se alimenta el famoso cerdo pata negra. No deben dejar de probar los petiscos como entrada, con queso de vaca o cabra para untar y el porco á alentejana, la especialidad del Alentejo.

Para llevar algo de recuerdo a casa, lo mejor será recorrer la rua 5 de Outubro y sus tiendas de artesanías.  Es muy fácil llegar a Évora por la carretera E-90/A5.

Foto: vía Wikipedia

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