Confitería Colombo, un clásico en Río de Janeiro

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Me gustan las cafeterías con estilo y por suerte en muchas ciudades del mundo es posible dar con algunas, resabios del siglo XIX que han sobrevivido el tiempo con elegancia. París tiene muchas y lo mismo Viena, pero también las encontramos del otro lado del Atlántico, en países como Argentina o Brasil. En Argentina, en Buenos Aires, está  el Café Tortoni de maderas nobles y elegantes mesas que funciona en un edificio clásico y centenario pero encontramos también una de estas cafeterías en Río de Janeiro.

Pues sí, una cafetería elegante e histórica que muchos cariocas nunca han pisado en su vida y que en realidad a estas alturas recibe a muchos visitantes extranjeros. Se trata de la Confitería Colombo, situada en la plaza de Cinelandia, en el centro de Río, la zona desde la cual se desarrolló la ciudad a partir de su fundación por parte de los portugueses.

Durante la semana el “centro” tiene multitudes como sucede con el centro financiero de cualquier otra ciudad y aunque es pintoresco caminar, después de todo sólo puedes conocer Río caminandola, para mi gusto son demasiadas personas juntas. Cuando termina el horario laboral las cosas se calman y las calles se quedan desiertas pero se vuelven peligrosas. Los fines de semana, hay menos gente todavía así que hay que tener el doble de cuidado.

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En esta parte de Rio hay muchos edificios que reflejan los siglos de vida de la ciudad y entre ellos está la Confitería Colombo. Abrió sus puertas en 1894 de la mano de dos portugueses, Mnauel José Lebrao y Joaquim Borges de Meirelles. El primero, se dice, fue el creador de la frase “el cliente siempre tiene la razón”.

Todo en ella resuma “Belle Epoque”, refleja la opulencia, la riqueza de la sociedad carioca de fines del siglo XIX y comienzos del XX: maderas, mármoles, vitrales, arañas, todo es de lujo y la verdad es que si no fuera de tan buena calidad no hubiera resistido el paso del tiempo. Toda esta decoración es estilo Art Noveau y lo que la hizo un lugar famoso fue que muchos artistas, hombres de letras, periodistas y hasta extranjeros célebres se sentaron en sus mesas.

¿Quiénes? Pues nada más y nada menos que la Reina Isabel de Inglaterra en 1968 y el rey Alberto de Bélgica en 1920. Son solo ejemplos, pero la confitería se siente muy orgulloso de ellos. Imaginaos un grupo de hombres elegantes fumando cigarros y hablando de negocios o un grupo de damas de la alta sociedad carioca tomando el five o’clock tea. Estupendo.

La Confitería Colombo es considerada un Patrimonio Histórico y Artístico de Río. Si vas búscala y no te la pierdas. Por fuera solo llaman la atención sus toldos azules pero debes entrar para ver lo hermosa que es. En la planta baja está la pastelería con sus delicias y en la planta alta, subes con un antigua elevador, está el restaurante y su balcón que deja mirar la planta baja. Un café y a seguir caminando por Río.

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