Trujillo, cuna de Francisco de Pizarro

Trujillo

No sería la primera vez que hablo con un amigo que se ha escapado unos días a Cáceres y, tras escucharle oir hablar sobre la ciudad, le pregunto: ¿y Trujillo?… ¿Trujillo?, no, nos dio tiempo, estuvimos en Cáceres, que es preciosa. Claro, no lo niego, es monumental, pero Trujillo también, faltaría más. Monumental e histórica, desde tiempos remotos.

Desde que las tribus celtas se asentaran aquí en un castro, poniéndole por nombre Turaca. Fíjate tú si es histórica… Y de ahí llegaron los romanos que, en su afán de cambiarle siempre de nombre a las cosas, a la vieja Turaca la bautizaron como Turgalium. Pero, como no hay dos sin tres, llegaron los musulmanes, que para eso de cambiar nombres también son muy suyos, y de Turgalium pasaron a Torgiela.

Y claro, en el siglo XIII llegaron los cristianos, quienes la reconquistaron y, ¿a que no adivináis qué hicieron? le cambiaron de nombre, y le pusieron Truxellum. A partir de aquí surge la Trujillo de hoy, ciudad medieval que, si estáis por Cáceres, hacedme caso, por favor, tenéis que ir a visitar. Podéis ir en coche o con vuestros billetes de autobús.

Porque la historia de Trujillo no se quedó ahí en la Edad Media con la expulsión de los musulmanes, ni mucho menos. Ya los árabes se dejaron por aquí las murallas y la Alcazaba, del siglo X, pero la Trujillo del siglo XXI que veréis es la Trujillo de la época de los grandes conquistadores, la que, con los tesoros traídos de América, se convirtió en una ciudad legendaria.

Porque si Extremadura ha sido tierra de conquistadores y navegantes, a Trujillo se le debe el ser cuna de un tal Francisco de Pizarro. Su recuerdo lo tenéis en forma de estatua ecuestre en la Plaza Mayor de la ciudad. Un rincón de Trujillo que merece la pena de cualquier historiador de arte y arquitectura, por la gran gama de estilos que presenta.

Desde la Iglesia de la Sangre, de estilo barroco, a la Iglesia de San Martín, de estilo gótico renacentista, pasando por el Palacio de los Duques de San Carlos, con su portada plateresca, el Palacio del Marqués de Piedras Albas, de influencia toscana, y el Palacio del Marqués de la Conquista, que tiene uno de los balcones más bonitos de España.

Desde esta Plaza Mayor se llega, callejeando, callejeando, hasta la antigua Alcazaba. Si tenéis la oportunidad, subiros a su torre para contemplar una de las mejores vistas de toda Extremadura. Porque hay que decir que Trujillo se levanta sobre una colina, como ciudad orgullosa, y con historia, rincón lleno de encanto que se disfruta paseando y respirando su pasado.

Sus callejuelas empedradas, sus edificios de los siglos XV y XVI, y el sabor mítico de Trujillo hacen de ella una visita imprescindible. ¿Cáceres? Claro, y Trujillo.

Foto Vía: Re-Moto

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1 comentario

  1. Me encanta y tu narración me emociona para darme una vuelta por este precioso lugar.Saludos.

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