Tarragona y su pasado romano

Anfiteatro de Tarragona

En el año 218 a.C las tropas romanas de Cneo Cornelio Escipión entran en batalla contra un destacamento púnico instalado a orillas del río Francolí, en el telón de fondo de las Segundas Guerras Púnicas. Una vez conseguida la victoria, Escipión permite a sus soldados establecer allí mismo un cuartel de invierno, que se prolongará con los años para todas las legiones romanas. Alrededor de este irá creciendo una urbe bajo el nombre de Tarraco.

De esta manera nace Tarragona para el imperio romano, una ciudad que desde siempre ha volcado precisamente su turismo hacia las ruinas y el legado de aquella época de esplendor. No en vano durante dos años, los que van del 28 al 26 a.C, aquella Tarraco sirve de residencia al célebre emperador Augusto, quien la convierte en uno de los cuarteles generales de las tropas romanas más importantes del Imperio.

Sin embargo, a medida que Roma se desintegra Tarraco empieza a perder su prestigio, cayendo incluso en el olvido con respecto a otras ciudades con la llegada de los musulmanes. Afortunadamente nos queda el recuerdo de su pasado romano en forma de grandes monumentos y otros pequeños vestigios dignos de interés.

Son estos restos y su conjunto arqueológico los que precisamente la UNESCO valoró como Patrimonio de la Humanidad en el año 2000. La antigua ciudad romana de Tarraco estaba situada sobre una colina , con la sede del gobierno provincial en su cima. Los soberbios edificios con los que fue dotada han ido apareciendo con el paso de los siglos gracias a numerosas excavaciones. Ellos son los que ofrecen una imagen impresionante de la grandeza de esta ciudad durante la época imperial.

Queremos llevaros hoy a conocer algunos de los edificios más destacados de este conjunto arqueológico. La oficina de turismo de Tarragona ha creado para tal fin la Ruta Romana, en la que se visitan tanto monumentos en el interior de la propia ciudad como en sus alrededores. Estos son los más significativos:

– Muralla Romana de Tarragona

El casco antiguo de Tarragona está rodeado por esta muralla, erigida en el siglo II a.C. En su origen tenía algo más de tres kilómetros de longitud, de los que hoy se conserva uno, con algunos añadidos y reformas medievales. A destacar las tres torres, de la l’Arquebisbe, Cabiscol y Minerva (esta última con escultura e inscripción romanas más antiguas de la Península Ibérica), que datan precisamente de la época primitiva. Un buen lugar para apreciar esta muralla es sin duda el Parque Arqueológico.

– Anfiteatro Romano

Construido a finales del siglo II d.C, en él tenían lugar las luchas de fieras, gladiadores y ejecuciones públicas. Se conserva parte de la grada tallada en la roca y otra parte sustentada por bóvedas de hormigón. Estuvo en uso hasta mediados del siglo V, y con la llegada de los musulmanes perdió mucha importancia. Tenía capacidad para 15.000 personas y durante algunos siglos sirvió como cantera para muchos edificios de Tarragona. Hoy en día es una de las imágenes más simbólicas de esta ciudad.

– Circo Romano

Uno de los circos romano mejor conservados de todo Occidente, fue construido a finales del siglo I d.C bajo el emperador Domiciano. En él se celebraban las carreras de caballos y se mantuvo en uso hasta mediados del siglo V. Hoy puede visitarse el extremo oriental, ya que la otra parte ha quedado oculta bajo viejos edificios del siglo XIX. Tenía capacidad para unas 25.000 personas y contaba en total con 325 metros de largo y 115 de ancho.

Muralla Romana

– Necrópolis Paleocristiana

Reabierta en enero del 2013, este monumento funerario está considerado el más importante al aire libre del occidente romano. Está situada a orillas del río Francolí, en una de las vías de salida de la ciudad, y se creó a partir del siglo III d.C. Hoy en día la necrópolis abarca restos romanos que van de los siglos I a.C y VII d.C, además de más de dos mil tumbas del siglo III hasta el imperio visigodo. Además acoge también mausoleos, sarcófagos, laudas etc…

– Foro Romano

Uno de los más grandes de todo el mundo romano (ocupaba 18 hectáreas) y que se estructuraba en dos plazas a diferente altura, fue construido en el año 73 d.C bajo el emperador Vespasiano. Aquí se situaban los principales edificios administrativos, religiosos y culturales de Tarraco, lugar hoy ocupado por el barrio medieval de la ciudad. Precisamente la actual Plaza de la Catedral era el centro de culto del foro.

– Villa de Centcelles

A siete kilómetros de Tarragona encontramos esta villa romana que fue habitada desde el siglo II a.C hasta los años finales del imperio. Cuenta con algunos de los mejores mosaicos de la Europa romana, así como una sala a modo de mausoleo y decorada con pinturas y estos mosaicos, tres salas continuas, las termas y una capilla posterior dedicada a San Bartolomé. Aunque lo más importante y excepcional son sin duda los mosaicos que decoran la sala principal.

– Acueducto de les Ferreres

También conocido como Puente del Diablo, este acueducto está situado a unos cuatro kilómetros al norte de Tarragona. Fue construido en el siglo I a. C bajo el emperador Trajano y suministraba agua a Tarraco desde el río Francolí. Los restos que podemos ver en la actualidad miden 271 metros de largo, una altura máxima de 27 metros y dos niveles con 36 arcos superpuestos. Un lugar realmente espectacular.

– Torre de los Escipiones

Otro de los monumentos romanos situados a las afueras de Tarragona (a unos seis kilómetros) es esta torre construida en el siglo I d.C. Se halla concretamente en el trazado de la Via Augusta. A muchos a simple vista les parecerá solo una pequeña torre, pero esta es sin duda uno de los monumentos funerarios más importantes de España. De planta cuadrada, consta de tres cuerpos superpuestos, aunque el superior solo se conserva parcialmente.

– Cantera del Médol

Para construir sus imponentes edificios los romanos usaban canteras. Esta del Médol, a ocho kilómetros de Tarradona, es la más conocida e impactante de todas. Tiene más de 200 metros de largo, entre 10 y 40 de ancho y paredes verticales de hasta doce metros. Uno de sus símbolos más característicos es una columna de roca, de 16 metros de altura, que quedó casi como recuerdo. La naturaleza que ahora mismo crece a su alrededor hace de este lugar un enclave incluso misterioso.

Si queréis tener una visión mucho más completa del proceso de romanización no solo de Tarragona sino de toda la Península Ibérica os recomiendo la visita al Museo Nacional Arqueológico. Este espacio fue creado en el siglo XIX (el más antiguo de Cataluña en su estilo) y en sus salas podemos ver restos de esculturas, vestidos, objetos funerarios, monedas y otras piezas encontradas durante las excavaciones del teatro, el circo, el anfiteatro o el foro.

El gran pasado de esplendor de Tarragona es motivo más que suficiente y la excusa perfecta para visitar esta ciudad. Siglos y siglos de historia que han quedado impregnados en la piel de las piedras. Monumentos que fueron testigos de grandes hazañas que marcaron el devenir de esta ciudad. Algunos de ellos aún susurran el lento transcurrir del tiempo tras de sus muros.

Foto 1 Vía Espáñame
Foto 2 Vía Foto Nostra

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