Roscoff, escapada a Bretaña

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En el Finisterre francés, al noroeste del país, se encuentra Roscoff, un pequeño municipio en el que vive el auténtico espíritu de la Bretaña: es una ciudad costera con historias de corsarios y armadores de buques de otros tiempos. Junto con la isla de Batz, Enez Vaz en lengua bretona, a la que se puede llegar en veinte minutos de viaje desde la bahía, es la escapada ideal para quienes buscan dejar atrás las preocupaciones y renovarse con el fresco aire atlántico.

Hay mucho para ver y hacer en Roscoff, como visitar Océanopolis, un gigantesco parque y acuario para descubrir tres universos oceánicos: Polar, Tropical y Moderado. Es un lugar único en Europa, ubicado en Brest, a 60 Km. de la bahía de Roscoff.

Los billetes para cruzar a la Isla de Batz se pueden adquirir en el puerto de Roscoff o directamente en el barco; otras islas para visitar son Ouessant, Sein y Molène saliendo desde Brest, Le Conquet y Audierne.

Los entusiastas de la naturaleza podrán disfrutar de las rutas senderistas dibujadas entre los paisajes, jardines y playas de fina arena, pues el litoral marítimo de la Bahía y la isla de Batz gozan de unos paisajes privilegiados y casi inexplorados. La isla se puede recorrer en bicicletas que se alquilan en el Puerto Viejo de Roscoff,  o a pie; su ubicación excepcional en el golfo de Stream o  bahía de Morlaix la protege de los vientos creando un microclima particularmente benigno.

Es que se debe decir que esos vientos generan fuertes corrientes que azotan el extremo occidental de la Isla; en cambio la costa nordeste presenta tranquilas playas como la Grève Blanche, una de las más famosas. Otras playas para visitar son las de la costa sudoeste, custodiadas por un faro construido entre 1833 y 1836, de 44 metros de altura, y en las que se encuentra uno de los mejores campings de la región.

Pescadores y buceadores de vida marina se encontrarán a gusto: cuando baja la marea deja al descubierto una inmensa riqueza animal y vegetal, como cangrejos, langostas, rayas y otros extraños y deliciosos frutos de mar. Aquí se han encontrado más de seiscientas cincuenta variedades de algas.

El privilegiado clima de la isla permite también obtener excelentes verduras y hortalizas con casi un mes de anticipación respecto de las que se producen en el continente.

No se debe dejar la isla sin visitar el Jardín Georges Delaselle, un exótico espacio de estilo colonial cuya construcción duró treinta años y para la cual el el propietario debió trasladar toneladas de tierra desde el continente y construir muros y protección contra los terribles vientos. Estuvo a punto de desaparecer hasta que pasó a ser administrado por el gobierno francés en 1997. Aquí encontrarán más de dos mil ejemplares vegetales, muchos de ellos provenientes de lugares tan remotos como China, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Méjico o las islas Canarias.

Si la idea es quedarse encontrarán numerosos alojamientos, tanto en Roscoff como en la isla; comer no será problema, ya que hay varios restaurantes y tabernas de playa en la isla y en el puerto de Roscoff,  donde preparan los platos con los frescos y naturales productos de la región.

Es muy fácil llegar a Roscoff por aire, por tierra o por mar. Ubicada en la Bahia de Morlaix, posee un puerto de aguas profundas al que arriban los ferries desde Inglaterra, Irlanda y España. Por tierra será necesario trasladarse a Francia, donde podrán abordar trenes desde Rennes, localidad de la que se encuentra a 205 Km, o 562 Km. de París.  En autobús se puede llegar desde Morlaix. Si viajan en avión, el aeropuerto más cercano es el de Brest Bretagne que se encuentra a sólo 57 Km. de la ciudad. Dentro de la ciudad y la isla será fácil trasladarse a pie, en bicicleta, o en el taxi local que amablemente será su guía de turismo.

Foto: Vía Panoramio – John Mike

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