Paseando por la bellísima playa de la Concha

Playa de la Concha 2

Tantas veces he oído hablar de la Bella Easo que la siento como parte de mí. Hermanos, amigos, conocidos, todos cuantos en algún momento han estado en San Sebastián la han calificado como la más bella ciudad de España. Lo es, no lo dudéis. Tiene un alma muy particular. Un espíritu que nos hace comulgar con ella. Un sentimiento que trasciende de cada piedra de sus edificios, de cada grano de arena de las playas que la recorren. Buscad la hora del amanecer. Pone vuestra alarma matutina. Hace un esfuerzo. Os aseguro que lo agradeceréis.

Abrigaos porque seguramente os hará fresquito. Viajar a Donosti os producirá ese efecto: todo os resultará acogedor pero el fresco siempre os acompañará. Dejad vuestros problemas en casa o en el hotel si es que vais de turismo. Solos, paso a paso, observad cuanto os rodea, comenzad vuestro paseo por la ribera del Urumea, y avanzad hasta su misma desembocadura, junto al monte Urgull. Tenéis en la cercanía la Iglesia gótica de San Vicente, la barroca de Santa María, la plaza de la Constitución y el Museo de San Telmo, pero sobre todo, dominando el monte y la bahía de la Concha, el Castillo de la Mota.

No. No os detengáis en ninguno de esos lugares. Tiempo tendréis de visitarlos en otro momento del día. Simplemente buscad la playa, la más bella playa urbana de España, la de la Concha.

Hay un paseo, el Paseo Nuevo, que bordea junto al mar todo el monte Urgull. Ese paseo desemboca en el Muelle, el puerto marítimo de San Sebastián. Siempre los pequeños puertos, dentro de la ciudad, tienen algo de nostálgico, de bucólico. Quizás sea el silencio a esas horas de la mañana, quizás el balanceo de los barcos, movidos por el suave vaivén de la siempre azul agua donostiarra, quizás la fresca brisa marina azotando la cara. Olvidaréis que a vuestras espaldas, en el centro, la ciudad comienza a despertarse, que los primeros ruidos de coches, oficinas y trabajadores sacan de su letargo al bullicio urbano.

Dejad atrás el paseo junto al muelle y sentid bajo vuestros pies las primeras arenas de la playa. La bahía. La bahía de la Concha, sí.

Tiene algo de relajante que es difícil de explicar. Sólo sé que algo invita a mojar los pies, a pasear por la orilla, a sentarse en el mismo centro de la playa, con la isla de Santa Clara enfrente, el monte Urgull a la derecha, y el Monte Igüeldo y el famoso Peine de los Vientos que un día imaginara allí Eduardo Chillida, a la izquierda.

Es el corazón de San Sebastián. Es su imagen. Es ese alma innata que le ha dado fama en toda España.

Foto vía: Mikelo

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