Mostar y el Barrio del Puente Viejo

Mostar

Entre 1992 y 1993 la ciudad bosnia de Mostar sufrió un terrible asedio de 18 meses. Durante los bombardeos fueron destruidos un monasterio franciscano, la catedral católica, el palacio del obispo y hasta trece mezquitas. Aún hoy día pueden verse algunas edificaciones que muestran en su rostro los horrores de la guerra.

Pero a pesar de todo, en los últimos años la ciudad ha regresado al origen de su belleza pintoresca. Muchos la siguen recordando por el conflicto de los Balcanes, pero visitar Mostar no es precisamente ir a ver como en un museo los desastres de aquella tragedia. A orillas del río Neretva, Mostar es un destino de gran interés, en donde el arte y la historia vuelven a salir a flote.

Una de sus imágenes más emblemáticas es la del Stari Most o Puente Viejo que da nombre a la ciudad. Sus orígenes hay que buscarlos en el siglo XVI, aunque el actual fue construido tras la guerra, ya que fue destruido en 1993. Con más de treinta metros de longitud, une el barrio que se conoce como del Puente Viejo, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde el año 2005.

Esta zona es sin duda la más hermosa de la ciudad. Un compendio de arquitectura medieval que fue reconstruido tras la guerra. Hay que decir que la ubicación de Mostar en la ruta comercial entre el Adriático y la zona minera de Bosnia hizo que desde un principio se convirtiera en la ciudad más importante de Herzegovina. Tanto es así que los otomanos la conquistaron en 1468, y en ella situaron las fuerzas principales de su gobierno.

Es precisamente de esta época de donde surge el Barrio del Puente Viejo. La mayoría de sus edificios datan del siglo XVI, momento en el que también fue construido el puente y las fortificaciones de defensa. Alrededor del puente y las murallas se levantaron grandes casas otomanas, muchas de las cuales aún mantienen la misma fisonomía, tiendas, edificios religiosos y comerciales. De los elementos más llamativos hay que destacar las torres de Hercegusa, Halebinovka y Tara.

Pero junto a estas edificaciones otomanas hay otras mucho más recientes. En 1878 Mostar pasó a formar parte del Imperio Austrohúngaro, quien trajo a la ciudad un nuevo estilo, el neoclásico. Es precisamente esta mezcla lo que hace tan pintoresco a este barrio, un caso que no es único en el mundo pero sí de una belleza considerable. Más aún si cabe si se tiene en cuenta lo que tuvo que sufrir en la década de los noventa.

Foto Vía Portal Trogir

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