Lhasa, en el indómito Tibet

Lhasa

Las montañas del Himalaya rodean como gigantes de piedra y nieve la capital del Tíbet. Situada a 3.650 metros de altitud, Lhasa es la ciudad más alta de Asia. No fue precisamente por su altura por lo que, hasta 1924, no pudo entrar en ella ninguna mujer. Y tuvo que hacerlo disfrazada de mendigo, Alexandra David-Neel. La antigua ciudad prohibida es hoy una de las experiencias inolvidables que todo buen viajero que se precie debe vivir al menos una vez en su vida.

En Lhasa se mezclan a partes iguales la opulencia y la fastuosidad con el caos y la miseria de algunas de sus calles. Palacios, templos y monasterios contrastan con la suciedad de los mercados y el descontrol del tráfico y las bicicletas que se mueven por doquier y sin control. Pero esto, lejos de provocar rechazo, aumenta el encanto de una ciudad diferente, un horizonte de cumbres nevadas de más de cinco mil metros de altura y por la que discurre silencioso el río Kyi.

¿Cuáles son algunos de los principales monumentos que podemos ver en Lhasa?

– Palacio de Potala

Una de las imágenes más fotografiadas no solo de la ciudad, sino de toda la región del Tíbet. Este palacio se sitúa en el Monte Rojo y se comenzó a construir en el siglo VII, aunque su aspecto actual data de la reconstrucción llevada a cabo en el XVII por el Quinto Dalai Lama. Cuenta con trece pisos y 110 metros de altura, y todo el recinto está formado por el Palacio Blanco, la Casa Roja, la sala donde se conservan los restos de los sucesivos Dalai Lama y los dormitorios blancos de los bonzos. Desde 1994 es Patrimonio de la Humanidad.

– Templo de Jokhang

Es el templo budista más famoso de Lhasa y su gran centro espiritual. Fue construido a mediados del siglo VII y cuenta con cuatro pisos con tejados cubiertos de azulejos de bronce dorado. Hay estatuas budistas por todas partes, tanto en el exterior como el interior del recinto. La decoración de las salas y los altares repartidos en ellas son de gran belleza.  Junto con el Palacio de Potala y el de Norbulingka está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

– Palacio Norbulingka

Fue la residencia estival de los Dalai Lama desde 1780 hasta la ocupación del país por la República Popular de China. Fue construido en 1755 y cuenta con un hermoso parque le rodea, capillas, jardines, fuentes y varios estanques. El palacio cuenta con 374 habitaciones, aunque todo el recinto cuenta con varios complejos. Aún hay ocasiones en la que el Dalai Lama residen en él, especialmente en verano. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2001.

– Monasterio Drepung

Situado en las afueras de Lhasa, este monasterio fue fundado a principios del siglo XV y en su época llegó a ser el más grande e importante de la región. Fue la residencia de los Dalai Lama hasta la construcción definitiva del Palacio de Potala. Podéis visitar en él el Salón de la Asamblea, la estatua de Muda Matreya de quince metros de altura, así como las antiguas escrituras budistas que decoran las paredes. Cada mes de agosto se celebra aquí el Festival Shoton.

– Monasterio de Sera

Otro de los monasterios situados a las afueras de la ciudad. Uno de los más grandes de Lhasa, alberga a unos 500 monjes y, durante los disturbios secesionistas, permaneció cerrado al turismo un tiempo. Fue construido en 1419 y, desde entonces, todos los días, excepto los lunes, acoge debates sobre el budismo entre los monjes. Su nombre significa “piedra de granizo” y es una de las principales excursiones que se pueden hacer en los alrededores. Desde 1982 está considerado una reliquia nacional de China.

Barkhor

– Plaza de Barkhor

Uno de los centros neurálgicos de la zona antigua de Lhasa, y en la que podemos ver el Templo de Jokhang. A su alrededor se encuentran una serie de calles estrechas en la que pasean y van de compras turistas y lugareños. Las tiendas se sitúan a ambos lados de las calles y en ellas podemos comprar todo lo más tradicional y popular de la ciudad. Pero Barkhor es, sobre todo, una ruta de peregrinación de más de un kilómetro de largo y que rodea al templo budista.

¿Cómo podemos llegar a Lhasa?

Si estamos en China hay buenas comunicaciones desde muchas de las grandes ciudades para volar hasta el Aeropuerto de Lhasa. Un pequeño pero: el aeropuerto está situado a 45 kilómetros de la ciudad, de ahí que o alquiláis un coche o tomáis un autobús. Si no estáis en China, el principal aeropuerto de escala para llegar a Lhasa es el de Katmandú en Nepal. Una vez allí tomáis el vuestro hasta la capital del Tíbet.

Otra opción para llegar a Lhasa es a bordo del tren Qinghai-Tibet, la línea de ferrocarril que discurre a mayor altura en el mundo. Se puede tomar en Pekín y pasa por Chengdú o Cantón entre otras ciudades. No os extrañéis si dentro del tren hay máscaras de oxígeno para los pasajeros. Hay que tener en cuenta que el mal de altura puede producir pequeños estragos entre los turistas que no vayan preparados.

La última alternativa es el viaje en carretera, sobre todo para los más aventureros. Hay rutas muy bonitas para llegar a Lhasa, jalonadas de pequeños pueblos, aldeas, templos y monasterios. Si tenéis varios días os podéis embarcar en la aventura. Aunque lo mejor y más cómodo es sin duda el transporte en avión.

¿Qué documentación es necesaria para viajar a Lhasa?

Cinco son los documentos que necesitamos para viajar a Lhasa (aunque algunos de ellos no son del todo obligatorios)

  1. Visa China, tramitada en la Embajada de China del país de origen del viajero (solo necesaria si se visita el Tíbet desde China o vais a China después de estar en Lhasa)
  2. Tibet Tourism Boureau Permit, o TTB, un permiso de la Oficina de Turismo de Tibet que se necesita de forma obligatoria. Este documento lo tendremos que enseñar al tomar nuestro vuelo a Lhasa o cuando entremos en coche en las fronteras del Tibet. Nos lo debe expedir una agencia de viajes u oficina de turismo con el permiso necesario
  3. El Alien Travel Permit, o Permiso de Viaje para Extranjeros, solo necesario si se quiere viajar a zonas no abiertas al público
  4. Tibet Public Security Permit, o PSB
  5. El Military Permit (estos dos últimos documentos solo son necesarios si queremos visitar zonas militares)

Para viajar a Lhasa no se necesita ningún tipo de vacunación, aunque sí es aconsejable llevar la de la fiebre tifoidea, la gripe, la hepatitis A y B, el tétanos, la difteria y el paludismo.

Lhasa es una ciudad de montañas nevadas, templos de tejados dorados, monjes que pasean por las calles, peregrinos que recorren el kora (el circuito de peregrinación que rodea los principales edificios espirituales de la ciudad), colores y sabores. Estas serán las estampas que os llevaréis con vosotros, imágenes de un destino inolvidable, una experiencia que queda prendido en los años como el susurro de los rezos.

Foto 1 Vía Destinolandia
Foto 2 Vía Global Adventure

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