La Plaza Mayor de Trujillo en Cáceres

Plaza Mayor de Trujillo

A medida que van pasando los años la Plaza Mayor de Trujillo se me aparece más hermosa. Tal vez sea por el paso del tiempo y esa pátina que cubre silenciosamente de tiempo las piedras. Lo que es cierto es que este enorme espacio renacentista es todo un lujo para la vista del paseante.

Los lugareños pasan por ella como si tal cosa, acostumbrados al magnífico patrimonio de esta ciudad cacereña. La Truxellum musulmana fue reconquistada por los cristianos en 1232, a las órdenes del rey Fernando III. Nadie en aquella época podía precisar que aquí nacerían algunos de los más insignes descubridores del Nuevo Mundo. Orellana, Pizarro, García de Paredes o Francisco de las Casas son hijos ilustres de Trujillo.

La relación de Trujillo, en Cáceres, con las nuevas tierras y los descubrimientos provocó que muchos de ellos volvieran a su ciudad natal enriquecidos con grandes fortunas. De esto se benefició el patrimonio trujillano, que creció hasta el punto de ser hoy en día uno de los lugares de mayor interés en Extremadura.

La Plaza Mayor es el centro neurálgico de Trujillo. En verano el sol se proyecta con fuerza sobre la estatua ecuestre de Pizarro, que preside el recinto. A su alrededor un compendio de arte y arquitectura, con la Iglesia de San Martín, construida entre los siglos XIV y XVI, o el Palacio de los Duques de San Carlos, erigido en el XVI, y que posee una magnífica portada plateresca.

Además de estos dos edificios, la plaza y su magnífico ambiente nos ofrecen el Palacio del Marqués de Piedras Albas, también del siglo XVI, o el Palacio del Marqués de la Conquista. Este último es obra también del siglo XVI, Siglo de Oro trujillano, y fue construido como residencia de Hernando Pizarro. Precisamente en su balcón puede verse el escudo de la familia.

Los edificios que completan la plaza son la Iglesia de la Sangre, en la que está enterrado el inquisidor de Granada y Córdoba, Gabriel Pizarro; la Casa de las Cadenas en la que se alojó Felipe II en 1583, llamada así por la cadena de su puerta; o la Torre del Alfiler, construida en el siglo XIV, posiblemente testigo de todos los avatares que a lo largo de los siglos ha vivido esta plaza.

Como se suele decir en la población, todos los caminos confluyen en la Plaza Mayor. Desde aquí parten las principales callejuelas que se adentran en el centro histórico, conocido como la Villa. Perderos por ellas y, tras descubrir los encantos de esta ciudad, volved en busca del griterío de los niños y el paso silente de los mayores. La Plaza Mayor de Trujillo es sinónimo de corazón y piedra, historia y paso perenne de los siglos.

Foto Vía Turistilla

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