Jet-Lag, cómo cuidar el reloj biológico

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Todos aquellos que alguna vez hayan viajado largas distancias comprenderán bien lo que voy a comentar a continuación. Y quienes no lo hayan experimentado, es mejor estar atentos porque casi nadie escapa de los efectos del Jet-Lag.

Se conoce con este nombre al desequilibrio que, culpa de algún viajecito de 12 horas o más, se genera en el reloj natural que todos llevamos dentro. ¿Y qué ocurre? Pues, algo muy sencillo: se nos cambian las horas del sueño.

Ya lo decían las abuelas de sus nietos, y hoy nos toca prevenirnos a los adultos también. Cuando atravesamos muchos husos horarios de un lado al otro del planeta, nuestro cuerpo siente el cambio pero no es capaz de adaptarse. Sin embargo, es posible darle una mano.

Primero que nada, hace falta identificarlo. Los síntomas más habituales son la fatiga, la irritabilidad y la apatía. Pero también puede manifestarse con problemas digestivos, memoria volátil y pequeños lapsus o confusiones al hablar.

Entre los tips útiles para combatir estos efectos, el más efectivo es el más obvio: el día del viaje debe ser tan relajado como sea posible, el estrés es mal consejero. Hay que procurar que todo esté listo a tiempo para poder descansar bien por la noche y estar distendido al momento de encaminarse rumbo al aeropuerto.

Viajar con ropa holgada y cómoda ayuda a la circulación de aire. Hidratarse la piel y beber abundante líquido reduce la exposición al aire enrarecido del avión. Comer cosas livianas antes del vuelo y moverse por los pasillos para agilizar el cuerpo son técnicas que también funcionan con mucha eficacia.

A continuación, un interesante link de British Airways que brinda consejos en función de las diferencias entre el horario de origen y el de destino.

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