Frómista, el corazón del románico

Fromista

Un nutrido grupo de cigüeñas sobrevuela la estampa románica y silenciosa de San Martín de Frómista. Llegamos hasta aquí como peregrinos de Santiago, en busca del horizonte de Compostela aún a más de 400 kilómetros de distancia. La Tierra de Campos que nos acoge es una comarca histórica, de gran abolengo. Algo que se aprecia nada más entrar en esta villa de casas de adobe, que guarda en su interior una de las joyas más preciadas para los amantes del arte.

Callejeamos por la Plaza de San Telmo, con la estatua del santo, patrón de los marineros (sí, sí, una estatua al patrón del mar en el corazón de Palencia, quién lo iba a decir) y frente a la Iglesia de San Pedro, templo renacentista pero gótico en su interior que cuenta con una interesa muestra de pintura y escultura. Sin ir más lejos en ella se puede visitar el Museo de Arte Sacro.

A lo largo de nuestro recorrido apreciaremos la Ermita de Santiago, imprescindible para los que como nosotros vamos haciendo el Camino; la Iglesia de Santa María del Castillo, situada en la parte alta de la villa palentina y que en su origen, allá por el siglo XIV, perteneció a la fortaleza de Frómista; y el Hospital de Santiago, de comienzos del XVI.

Pero todo el mundo que planta sus pies en este rincón de Palencia viene en busca de una de las obras de arte más representativas del románico español. Esa que hemos visto tantas veces fotografiada en los libros de historia cuando éramos niños y teníamos que estudiar los elementos de este estilo. La Iglesia de San Martín aparece ante nuestros ojos sencilla y elegante a la vez, coqueta sintiéndose observada durante más de diez siglos.

Nada hacía presagiar en el año 1066 cuando la esposa del rey Sancho III el Mayor de Navarra, Doña Mayor, ordenó la construcción de una capilla junto al monasterio benedictino que esta se iba a convertir en una de las grandes joyas de la arquitectura española. No busquéis en ella la opulencia ni desmesura de las iglesias y catedrales góticas, sino la sobriedad y el recogimiento, la belleza de la sencillez y la pureza de las líneas y formas.

Tres ábsides en la cabecera, un hermoso cimborrio octogonal sobre base cuadrada y dos pequeñas torres cilíndricas se abren paso en la portada principal. El interior está completamente desnudo. A destacar en él un imponente crucifijo del siglo XIII, la enorme belleza de la cúpula y la detallada decoración de los capiteles. Abruma la expresión, la singularidad de un monumento que de sencillo y puro hace que nos recreemos en él una y mil veces.

En este pequeño rincón de la Tierra de Campos, en la ciudad de las cigüeñas. Aquí es donde tiene su sede el corazón del románico.

Foto Vía Fromista

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2 comentarios

  1. Concejalía de Turismo dice:

    Gracias de todo corazón desde Frómista por tus palabras.

  2. M dice:

    ¿Quien iba a decir que hubiese una estatua de San Telmo en el corazón de Palencia? Por si no lo sabes, San Telmo nació en Frómista. POr lo demás, buen artículo.

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