Escapada a la histórica y alegre Maastricht

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Maastricht, esta ciudad holandesa del sur, capital de la región del Limburgo, es un lugar milenario, testigo de acontecimientos que marcaron la historia del mundo y el lugar elegido por muchos holandeses y turistas para pasar un fin de semana con entretenimiento, cultura y diversión.  Si llegan a mediados de marzo, podrán disfrutar de la mundialmente famosa TEFAF, la feria del arte y antigüedades que convoca especialistas de todo el mundo y mueve cifras millonarias. En cualquier época del año, Maastricht nos espera con los atractivos históricos y culturales que les invitamos a conocer.

Para empezar, conozcamos la antigua muralla, en parte transitable y bordeada de jardines; el camino nos lleva hasta la estremecedora Puerta del Infierno, del siglo XIII, con sus torres redondas, la puerta más antigua de los Países Bajos.

Otro lugar muy antiguo es la Basílica de Nuestra Señora, del siglo XI, que parece que fue construida sobre un templo dedicado a Júpiter con un impresionante sector fortificado. Es un lugar de peregrinación pues se venera una imagen de la Virgen María llamada Estrella del Mar.

Esta ciudad formó parte desde el punto de vista religioso, de la diócesis de Lieja, pero también estuvo anexada a Francia hasta 1814, por eso encontraremos muchas huellas de las distintas culturas, como las casas de piedra de los siglos XVII y XVIII y las tiendas con nombres franceses.

Si este nombre les resulta conocido, es porque aquí, el 7 de febrero de 1992, se firmó el histórico Tratado que dio origen a la Unión Europea, en base a los tratados ya existentes de París, Roma y Acta Única Europea, anunciando también la creación del euro.

Maastricht es una ciudad histórica que se renueva; por ejemplo antiguas iglesias se transforman en nuevas propuestas como la primera iglesia gótica de los Países Bajos, construida en 1266, que es un hotel-restaurante de diseño y otra en la que  funciona una librería.

Otros lugares para visitar son el barrio de los anticuarios, a lo largo de las murallas, o el Bonnefantenmuseum, principal museo de la ciudad, de arte y arqueología; fue construido en 1992, diseñado por el arquitecto italiano Aldo Rossi, que se destaca con su cúpula de zinc y su fachada de ladrillo rojo. Allí se pueden ver también colecciones de arte contemporáneo y medieval entre otras exposiciones. No dejen de pasar por su Tienda, donde se pueden adquirir carteles y postales, artículos de cuero, joyería, porcelana y cristalería de jóvenes diseñadores, la mayoría de la región de Limburgo. Si se impone una pausa, se puede conocer su agradable cafetería, de atmósfera original, con terraza sobre el río. La torre fue  decorada con un mural del artista Fons Haagmans y el interior fue diseñado por Maurice Mentjens.

Una visita obligada en Maastricht es el “Bisschopsmolen” o Molino del Obispo, una panadería en el corazón de la ciudad donde funciona el más antiguo molino de agua de los Países Bajos.  Aquí hornear el pan de cada día es tomado con amor y con arte;  se puede visitar y aprender más acerca del oficio de molinero y la cocción del pan con métodos artesanales, con ingredientes seleccionados y sin añadidos químicos.   Dicen que aquí se consiguen los panes y repostería más sabrosos de la ciudad.

Si la idea es quedarse, hay muchos lugares para alojarse, en el centro histórico o en el resto de la ciudad, con hoteles de cadenas internacionales, hoteles boutique, ByB y sencillas residencias universitarias. Si buscan algo más relajante, lo encontrarán en las afueras de la ciudad, donde se encuentran los centros termales rodeados de montañas, alimentados por las aguas de tres manantiales que surgen desde 400 metros bajo tierra, en los suelos calcáreos del Limburgo.

Comer no será problema: hay cientos de lugares para desayunar, almorzar o cenar en Maastricht, como restaurantes ubicados en las riberas del Mosa.

Foto: Vía Panoramio

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