El Sena, orillas de ensueño en París

Sena

Además de ser grandes rincones y monumentos de París, ¿qué creéis que tienen en común Notre Dame, Saint Chapelle, el Louvre, Los Inválidos, la Plaza de la Concordia o la Torre Eiffel? Todo estos lugares se hallan a orillas del Sena, el gran río por excelencia de la capital francesa. Un cauce jalonado por más de tres docenas de puentes y cuyas orillas, precisamente, fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1991.

París ha crecido a los pies del Sena. Su historia y su evolución no se comprenderían sin la silueta cristalina de este río. Ya desde los primeros asentamientos humanos el Sena desempeñó un papel fundamental tanto a nivel social como económico. Sirvió de sistema defensivo, como agua para el regadío, cauce fluvial para el comercio, etc, etc…

La actual París, surgida a partir del siglo XVI, vio en el Sena a uno de sus principales aliados. Fijaros cómo tal vez los monumentos más emblemáticos de la ciudad (algunos de los anteriormente mencionados) fueron construidos junto al río. No es fruto de la casualidad. Grandes estampas han quedado para la historia, importantes ejemplos del arte parisino de los siglos XVI-XVII y XVIII que no pueden separar su rostro del espejo de las aguas.

Hoy en día un buen número de compañías de cruceros tradicionales ofrecen en París un paseo por el Sena. Teniendo en cuenta que sus principales monumentos se hallan en sus orillas, esta actividad resultaría imprescindible. Estos cruceros llevan popularmente el nombre de bateaux mouches, y se puede elegir entre cruceros diurnos o nocturnos (estos últimos con cena romántica, música de fondo y la estampa de una París iluminada)

La mayoría de ellos tienen una hora de duración, pero si no os apetece contemplar la ciudad desde el río lo podéis hacer fácilmente paseando por los alrededores del Sena. Hay quien se presta a seguir el cauce para disfrutar de un París de ensueño. La riqueza arquitectónica de la ciudad está precisamente asomada a orillas del Sena. Tal vez no haya una ruta tan pintoresca en la capital francesa.

El Sena, que nace en Cote D’Or y desemboca en el Canal de la Mancha, una vida de más de 770 kilómetros, es el eterno enamorado de París. Jamás la abandona, ni la ciudad a él. Es el espejo en donde se refleja su belleza y su historia, el mejor embajador de la luz y el magnetismo que irradia.

Foto Vía Linda Kedvencek

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